La alimentación de los argentinos atraviesa un cambio que marca un antes y un después. Por primera vez en la historia, el consumo de carne de pollo superó al de carne vacuna, modificando una tradición profundamente arraigada en el país reconocido mundialmente por su producción y consumo de carne bovina.
De acuerdo con datos del sector avícola, el consumo de pollo alcanzó cerca de 49,4 kilos por habitante al año, mientras que la carne vacuna descendió a 47,3 kilos por persona, uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas. A su vez, la carne de cerdo continúa ganando terreno y ya registra un consumo promedio de 19,3 kilos por habitante, un 80% más que hace diez años.
Desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), su director ejecutivo, Carlos Sinesi, explicó que este fenómeno no responde únicamente a una cuestión de precios. Aseguró que es el resultado de más de veinte años de inversión en genética, tecnología, alimentación y eficiencia productiva, que permitieron ampliar la oferta y adaptarse a las nuevas necesidades de los consumidores.
El cambio también está relacionado con los hábitos de compra. Mientras años atrás predominaba la venta del pollo entero, hoy los consumidores eligen pechugas, milanesas, patamuslos, alas y productos listos para cocinar, una tendencia impulsada por la practicidad y la rapidez en la preparación de las comidas.
Sinesi también desmintió uno de los mitos más extendidos sobre la producción avícola: afirmó que los pollos no reciben hormonas para acelerar su crecimiento, sino que el desarrollo más rápido es consecuencia del mejoramiento genético, una alimentación balanceada y la incorporación de nuevas tecnologías en las granjas.
Actualmente, la industria avícola argentina produce alrededor de mil millones de pollitos por año y exporta a más de 70 mercados internacionales. Tras recuperar el estatus sanitario luego de los brotes de influenza aviar, el sector apunta ahora a consolidar su crecimiento mediante la apertura de nuevos destinos de exportación.
Especialistas coinciden en que el desplazamiento de la carne vacuna por el pollo refleja tanto la evolución de la industria como los cambios en el poder de compra y en las preferencias de los consumidores, configurando una transformación histórica en la dieta de los argentinos.






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