Para LNVR escribe Alejandro De Muro
Científicos de la NASA y medios de comunicación, entre otros, escucharon en el Centro Espacial Johnson de Houston las reflexiones de los cuatro astronautas que participaron de la misión Artemis II, cumplida durante diez días a 326.000 km de nuestro planeta.
Cristina Koch, la única mujer del grupo, se despojó del rigor emanado de su condición de física e ingeniera eléctrica. Apeló a metáforas, más asociadas a poetas, siempre cautivados por los misterios del lado oculto de la Luna, que a hombres de ciencia. Con ímpetu y desenvoltura, pero también con sensibilidad extrema, ocupó el estrado y reveló que continuaba impactada por la experiencia vivida. Que, seguramente, nuevos efectos gravitarían sobre ella.
Rescató el valor del trabajo en equipo, en la mancomunión de objetivos. En el espíritu gregario sobre el individualismo. Exhortó a revalidar los acuerdos y a extenderlos al cometido diario. Hizo hincapié en que el éxito de la misión cumplida no se agotó en la mera armonización de directivas y prácticas. “Debe extenderse al mundo que habitamos”, enfatizó. Dejó tácita la importancia de abandonar los sectarismos y sostuvo que no hay meta posible sin labores conjuntas. Obedientes, solidarias y magnánimas.





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