Los festejos populares por la Selección Argentina ya son una costumbre en Rauch. Así ocurrió tras la histórica victoria frente a Inglaterra y también después del triunfo sobre Egipto. Incluso este domingo, pese a la derrota 1 a 0 ante España en la final del Mundial, cientos de vecinos salieron a las calles para agradecer y acompañar a un equipo que volvió a emocionar al país.
Sin embargo, esta vez la noticia no estuvo solamente en la multitud. También quedó en evidencia una organización del tránsito que terminó generando más inconvenientes que soluciones.
Con el objetivo de concentrar a los simpatizantes sobre la avenida San Martín, entre Alem y el Monumento al Centenario, el Municipio volvió a implementar un importante operativo de seguridad. Pero el dispositivo fue mucho más amplio de lo esperado. Quedaron cerrados los accesos a la avenida San Martín desde Alberti, gran parte de la avenida Belgrano, la zona del Monumento al Centenario, la Terminal de Ómnibus y varias arterias del sector.
La intención era clara: preservar la seguridad de quienes participaban de los festejos. Sin embargo, en la práctica, el resultado fue otro.
Lejos de resolver el problema, el tránsito simplemente se trasladó a las calles paralelas. Allí se produjeron largas demoras, embotellamientos y una circulación desordenada de vehículos que debían buscar caminos alternativos para atravesar la ciudad. El conflicto no desapareció; simplemente cambió de lugar.
A esto se sumó otro problema que ya parece repetirse en cada celebración. Un grupo de motociclistas —porque sería injusto generalizar— aprovechó el contexto para realizar maniobras peligrosas, circular a alta velocidad, provocar explosiones con los escapes y convertir las calles en un escenario de imprudencias que nada tenían que ver con el espíritu del festejo.

Las consecuencias no tardaron en aparecer. En pleno centro se registró un choque entre una motocicleta y un automóvil, una situación que, afortunadamente, no pasó a mayores, pero que volvió a poner sobre la mesa los riesgos que generan estas conductas.
Las redes sociales también reflejaron el descontento de numerosos vecinos. Las críticas apuntaron tanto al excesivo vallado como a la imposibilidad de circular con normalidad por distintos sectores de Rauch. Muchos coincidieron en que el operativo terminó complicando a quienes ni siquiera participaban de la celebración.
La seguridad siempre debe ser una prioridad y nadie discute la necesidad de ordenar una convocatoria masiva. Pero ordenar no significa cerrar media ciudad ni trasladar el problema hacia otros barrios.
Cada festejo deja una enseñanza. Y el de este domingo expuso que Rauch necesita un protocolo más eficiente para este tipo de eventos. Un esquema que garantice la seguridad sin paralizar la circulación, que contemple controles efectivos sobre las conductas peligrosas y una planificación capaz de convivir con la vida cotidiana de quienes necesitan moverse por la ciudad.
Porque celebrar también implica organizar. Y cuando la organización falla, la alegría termina compartiendo protagonismo con el caos.






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