El doctor Hernani Justo Barili, referente de la memoria histórica local, comparte una nueva y valiosa investigación sobre uno de los espacios más queridos por generaciones de vecinos: “La Calesita”, ubicada en la actual Plaza de los Niños.
En este trabajo, el historiador reconstruye el recorrido de este emblema cultural, social y afectivo de Rauch, destacando su importancia en la infancia, la vida familiar y la identidad colectiva.
A continuación, reproducimos de manera íntegra su texto, respetando su autoría y contenido original.
LA CALESITA
Por el Dr. Hernani Justo Barili
En Rauch tenemos una calesita en la “Plaza de los Niños”. La calesita tiene un gran valor cultural, por lo cual debemos los rauchenses buscar la protección, conservación, restauración y preservación, garantizando su rol como parte de la identidad de la ciudad.
La calesita ha sido un punto de encuentro de varias generaciones. Nos remite a la primera infancia, a la felicidad, a la plaza en compañía de mamá y papá, de los abuelos, hermanos o tíos.
La primera calesita en la Argentina fue instalada en Buenos Aires entre 1867 y 1870, en la actual Plaza Lavalle. Los primeros constructores fueron el francés Cirilo Bourrel y el español Francisco Meric y De la Huerta, en 1891.

LA PRIMERA CALESITA EN EL PUEBLO
El pueblo no contaba con una calesita o carrusel permanente y propia, una calesita que poblara alguna de las plazas. Las calesitas venían esporádicamente con las compañías de parques y circos, montaban sus carpas en terrenos baldíos por unas semanas y se marchaban a otras ciudades. Se las denominó “calesitas itinerantes”.
En 1946 la “Sociedad Nacional Italiana de Rauch” contaba con una calesita y la Sociedad Cooperadora “Gral. José de San Martín” de la Escuela N°2 hacía saber a los niños pobres del pueblo que el domingo 13 de enero, en el Prado Italiano, funcionaría gratis la calesita. El calesitero era Próspero Provenzano.
Se podían retirar las entradas en la casa de Esteban Alzola, Panadería Álvarez Blanco, Srta. Dora Ibern, puesto del mercado de Fernando Suárez y peluquería de Insabella.
A fines de la década del cuarenta, hubo un parque de diversiones denominado “Sociedad de Espectáculos Rauchenses” (SER) en la calle Alberti, hoy cochera y vivienda de Alfredo Roque Martín. Los dueños eran los hermanos Alfredo, Mario, Tulio, Leopoldo y Arturo Volzone y algunos amigos de la tienda Casa Bóo: Santiago Ithurrart, Mario Falabella, Miguel Siervo, Alberto Fortier y Raúl García. El parque contaba con una calesita.
LA PLAZA DE EJERCICIOS FÍSICOS Y JUEGOS INFANTILES
Donde actualmente se encuentra la Terminal de Ómnibus, el Registro Civil, el Tanque de Agua y las oficinas de Obras Sanitarias y Desarrollo Social, existió el estadio de fútbol “José A. Garralda”, inaugurado en 1930.
Cuando se decidió su traslado a la Plaza España, durante la gestión del Intendente Dr. Juan Carlos Felipe de Ortúzar, se inauguró, en 1953, la “Plaza de Ejercicios Físicos y Juegos Infantiles”.
El espacio público es trazado de dos diagonales para el paso de los peatones y construido con materiales de demolición, arena, capa asfáltica e instalación de alumbrado eléctrico. La tribuna fue reformada para ser utilizada como escenario de espectáculos públicos al aire libre. El interior poseía un amplio salón donde en el futuro se pensaba instalar una escuela de arte para niños pobres.
La nueva plaza constaba de un tobogán, dos pedestales sube y baja, hamacas, pórtico de gimnasia, escaleras, barra fija, escalera horizontal y una calesita de madera para cinco chicos. Los elementos fueron adquiridos por licitación a la casa V.D. Wettern Hnos., en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

LA CALESITA MUNICIPAL
Un día el sueño se hizo realidad. El sábado 23 de octubre de 1965, en horas de la tarde y en la actual esquina de Avda. Perón y Avda. San Martín de la “Plaza de Ejercicios Físicos y Juegos Infantiles”, se inauguró la primera calesita pública que la gente denominaba “La Calesita Municipal” donde hoy se encuentra “El Gallo” de la Fiesta Nacional del Ave de Raza y la calle de ingreso a la Terminal de Ómnibus.
La calesita se convirtió en un integrante indispensable del paisaje urbano. El gran hacedor es el Intendente Pedro Horacio Petreigne, que a través de la Comisión Municipal de Cultura se pudo adquirir la hermosa calesita. Hacía cruz con la antigua farola que, en abril de 1972, fue remplazada por el “Monolito del Centenario”. Ese sábado y el domingo los niños pudieron gozar gratuitamente de este entretenimiento.
Fue una gran atracción para los chicos y grandes. Las familias acercaban a los hijos para disfrutar el momento, el sueño de la calesita viajera. La calesita estaba rodeada de un cerco de alambre entre postes y una puerta de ingreso, y allí, espera sonriente el calesitero, el vecino del pueblo.
Las piezas incluían dos caballos tallados en madera, un avión, tres autos, un bote, un sulky y cuatro asientos. Podemos imaginar la música y las luces, al “calesitero” soltar la palanca y el impulso manual al carrusel para comenzar a girar arriba del caballito o del auto, la sonrisa de los niños sujetados del primer barrote, la alegría de girar y decir adiós a mamá; algunos lloraban aferrados a los padres y esas ganas de los niños de sacar la sortija como trofeo y ganar gratis una vuelta más.
El “calesitero” o “sortijero” manejaba la sortija, esa bocha de madera que tenía insertada una clavija metálica removible, un invento argentino. La alegría infinita de agarrarla y la desazón por no lograr el cometido sin olvidar las caras de los que esperaban subir para desafiar al calesitero.
Durante muchos años la calesita estuvo a cargo de las Damas Vicentinas.
EL CICLÓN Y LA RECONSTRUCCIÓN
El viernes 7 de enero de 1969, un ciclón causó grandes destrozos en la ciudad y en la plaza. La calesita fue totalmente diezmada y sus elementos quedaron dispersos por distintos sectores.
Posteriormente fue reconstruida, reparada e instalada en un nuevo sector del espacio público, en la Plaza Sarmiento, luego denominada Plaza de los Niños. En diciembre de 1994, los chicos del Taller Escuela de Artes Plásticas “Antonio Fortunato” pintaron la calesita, renovando su color y alegría.
Con el paso del tiempo, el deterioro progresivo llevó a dejarla fuera de funcionamiento. Hoy, los juegos se encuentran en el corralón municipal.

LA NUEVA CALESITA MUNICIPAL
En 1989 rondaba la idea de adquirir o construir una nueva calesita y esa idea la tuvo Héctor José Cocirio, pero, recién en 1991 empezó a adquirir elementos. Otro gran artífice de la calesita fue “Locha” Bigurrarena, colaborando en el mecanismo de la nueva calesita, debiendo viajar a Buenos Aires para desarrollar el sistema del nuevo carrusel.
Contaba Cocirio que “estuvo trabajando durante seis años hasta que empezaron a colaborar, en todo momento, amigos y conocidos, poniendo su tiempo y dedicación”. Podemos nombrar a Miguel Tolosa, Hugo Ambor, Diego Fernández “Cholin”, Luis del Cerro y Pedro Leonardo Damario.
No tuvo en cuenta a ninguna calesita como modelo. Héctor J. Cocirio decía “que se iba a parecer a una torta de reyes”.
La calesita fue inaugurada el domingo 5 de diciembre de 1999. Constaba de 16 juegos: seis caballos con movimiento, dos elefantes Dumbo, dos vacas, dos Bambi, dos burros y dos canguros. Diez juegos fueron donados por gente allegada y el resto colaboró la Municipalidad.
Posteriormente, se reemplazó el piso fenólico por un piso de chapa, dejando los caballitos fijos y agregando dos caballos más.
El 15 de diciembre de 2009, el Honorable Concejo Deliberante sanciona la Resolución N°261/09 que otorga un reconocimiento público a Héctor José Cocirio tras su fallecimiento, acontecido el 10 de diciembre del corriente año.
“Calesitero” o “sortijero”: Enrique Polonio Rodríguez, Leonardo Alberto Puglia “Cacho”, Néstor “Pucho” Faccio.
Hoy, la calesita está a cargo de las cooperadoras del Hogar de Niños, Jardín Maternal Olinda Irigoyen de Hourcade y Centro Integrador Comunitario (CIC).
UN PATRIMONIO QUE VIVE EN LA MEMORIA
El trabajo del doctor Barili rescata no solo datos históricos, sino también emociones, recuerdos y vivencias que forman parte del ADN cultural de Rauch.
“La Calesita” continúa siendo, más allá del paso del tiempo, un símbolo de infancia, encuentro y pertenencia para toda la comunidad.





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