Para LNVR escribe la licenciada en enfermería, Soledad Juriorena
El pasado sábado 18 asistí a la charla de presentación de “quimio con pelo” una iniciativa del grupo Espartanas junto a Lalcec y la sala de oncología de nuestro hospital. Está alternativa trae esperanza a las personas con tratamiento oncológico, en la charla brindaron información, compartieron experiencias y fueron empáticas.
A continuación hago una breve descripción de que se trata:
Quimioterapia y uso de cascos fríos: una estrategia para el cuidado integral del paciente
La quimioterapia es uno de los tratamientos más utilizados en el abordaje del cáncer. Actúa destruyendo células que se dividen rápidamente, lo que incluye tanto células tumorales como algunas células sanas. Entre los efectos secundarios más frecuentes se encuentra la alopecia (pérdida de cabello), un impacto significativo no solo a nivel físico sino también emocional.
En este contexto, los cascos fríos (también conocidos como sistemas de enfriamiento del cuero cabelludo) surgen como una alternativa para disminuir la caída del cabello durante el tratamiento quimioterápico. Su funcionamiento se basa en la vasoconstricción del cuero cabelludo, lo que reduce el flujo sanguíneo hacia los folículos pilosos y, en consecuencia, la cantidad de fármaco que llega a ellos. Además, disminuyen la actividad metabólica de las células capilares, haciéndolas menos susceptibles al daño.
El uso de cascos fríos se inicia generalmente antes de la infusión de quimioterapia, se mantiene durante la administración del fármaco y continúa un tiempo posterior, según el protocolo utilizado. Si bien no garantiza la preservación total del cabello, numerosos estudios han demostrado una reducción significativa de la alopecia en muchos pacientes.
Desde la mirada de la enfermería, el acompañamiento es fundamental. Es importante brindar información clara sobre expectativas reales, posibles molestias (como sensación de frío, cefalea o incomodidad) y evaluar la tolerancia del paciente durante el procedimiento. Asimismo, se debe considerar que no todos los tipos de quimioterapia ni todos los pacientes son candidatos para este método.
El abordaje humanizado implica reconocer el valor simbólico del cabello en la identidad de la persona. Ofrecer alternativas como los cascos fríos no solo apunta a un beneficio físico, sino también al cuidado emocional, la autoestima y la calidad de vida del paciente oncológico.
En conclusión, los cascos fríos representan una herramienta complementaria dentro del tratamiento oncológico, y su implementación requiere un enfoque interdisciplinario donde la enfermería cumple un rol clave en la educación, contención y seguimiento del paciente.





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