Para LNVR escribe Elías Ruíz
En una fecha como hoy, es imposible no recordar la partida de nuestro querido Pastor fundador, Jorge Fernández, y por supuesto, es sumamente natural que sintamos la nostalgia de su ausencia física. Sin embargo, quienes fuimos atravesados por su vida y enseñanza, tenemos el desafío de que esta fecha no se convierta únicamente en un recordatorio emocional enfocado en la emoción, “para que no se entristezcan como los que no tienen esperanza”.
Si limitamos nuestra memoria a las lágrimas por lo que perdimos, corremos el riesgo de reducir una vida llena de propósito a un simple recuerdo melancólico. Hombres de fe como él no invirtieron sus años solo para ser llorados, sino para ser continuados; por lo tanto, de nada sirve recordarlo desde la simple emoción o la añoranza del pasado.
El verdadero y más profundo homenaje que podemos rendirle es mantener vivo su legado a través de nuestras acciones diarias, recordando cada una de sus enseñanzas para ponerlas por obra. Él nos demostró con su conducta lo que significa la entrega incondicional, y desde hace tiempo hemos entendido que nuestro mayor tributo como Comunidad de Fe, es imitar su ejemplo para hacer exactamente lo que él hizo: servir a Dios con pasión, amor y fidelidad hasta el último día de nuestras vidas.
Este aniversario no será un día de luto, sino un impulso para seguir corriendo nuestra propia carrera cristiana con la misma devoción que él nos enseñó.
“Acuérdense quienes les enseñaron la palabra de Dios. Piensen en todo lo bueno que haya resultado de su vida y sigan el ejemplo de su fe”. Hebreos 13:7






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