La decisión del intendente Maximiliano Suescun de modificar de raíz la conducción del Hospital Municipal parece haber generado un inmediato efecto interno: alivio, expectativa y una sensación de “oxígeno político” parecen ser las primeras conclusiones para el efector de salud.
Con las designaciones del doctor Guillermo Zappettini y del enfermero profesional Gastón Rivero, el jefe comunal decidió “patear el tablero” y abrir una nueva etapa tras un tiempo prolongado de tensión, desgaste y episodios internos que habían deteriorado el clima laboral dentro del nosocomio.
La salida de los doctores Omar Ávila y Silvana Elisio marca el final de una conducción que, más allá de algunos avances en gestión, nunca logró consolidar una conexión sólida con parte del personal hospitalario. Durante el último año, las diferencias internas fueron creciendo y distintos conflictos terminaron exponiendo un malestar que ya no podía ocultarse.
El año pasado el propio intendente pudo comprobar de boca de los propios trabajadores una serie de cuestiones -que al parecer desconocía- que habían “quebrado” la relación del personal con la cúpula de conducción.
A eso se sumó de forma innecesaria una “novela” de un mes a principios de año, cuando se intentó remover un ambulanciero para desempeñarse como chofer en otra dependencia municipal, tema que también generó un desgaste -quizá el último- que derivó en los cambios que Suescun pretendía y que venía sin éxito gestionando con el ofrecimiento de la dirección a otros médicos.
El anuncio realizado por Suescun fue leído dentro del hospital como una señal clara de cambio de rumbo.
Las repercusiones no tardaron en aparecer. En redes sociales abundaron los mensajes positivos hacia las nuevas autoridades, especialmente por los perfiles elegidos para conducir el hospital en una etapa considerada clave.
La llegada de Zappettini aparece como una apuesta fuerte del Ejecutivo para recuperar diálogo interno y estabilidad. Si bien no es oriundo de Rauch, el médico de Cacharí mantiene trayectoria y vínculos en la ciudad. Quienes lo conocen destacan su perfil sereno, capacidad de decisión y, principalmente, un estilo de conducción basado en el respeto y el trato humano.
En paralelo, la designación de Rivero también tuvo una fuerte carga simbólica. Será el primer enfermero profesional en ocupar un cargo de conducción dentro del hospital municipal, un reconocimiento que muchos trabajadores interpretaron como una señal de jerarquización hacia el sector de enfermería.
En términos políticos, la decisión de Suescun también representa una jugada importante. El intendente entendió que el hospital necesitaba descomprimir tensiones y recuperar un clima interno más saludable en un área estratégica para la comunidad.
Ahora comenzará una nueva etapa. El desafío será reconstruir vínculos, recuperar confianza y generar un esquema de trabajo más cercano con el personal. Pero al menos, tras meses de desgaste y conflictos silenciosos, en los pasillos del hospital volvió a respirarse algo distinto: aire nuevo.






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