Para LNVR escribe Elías Ruíz
La presión social es un mecanismo invisible, pero profundamente potente, que nos empuja a modelar nuestras conductas, opiniones y decisiones con el fin de encajar en cierto tejido de expectativas que nos rodea.
Es, en esencia, esa tensión constante entre nuestra propia esencia y el miedo al rechazo o a la marginación. Si bien este fenómeno no es intrínsecamente “bueno” o “malo”, se convierte en un terreno peligroso cuando actúa como vehículo para normalizar conductas destructivas que, lejos de enriquecernos, nos deterioran.
Vivimos en una sociedad atravesada por una red de estereotipos que nos condicionan a todas las edades: desde las exigencias laborales y el éxito material, hasta los estándares de vida y belleza que nos dicta cómo debemos ser, vestir, actuar e incluso hablar para ser validados. Nadie es ajeno a este engranaje.
La búsqueda de la aprobación externa, ya sea objetiva o subjetiva, se ha convertido en una constante que nos empuja a sacrificar nuestra autenticidad en el altar de la mirada ajena. No podemos permitirnos la comodidad de mirar hacia otro lado ni de naturalizar dinámicas que exaltan la superficialidad, la violencia o el desprecio por la vida humana. Cuando reducimos el análisis a un sector o a una franja etárea, caemos en la trampa del facilismo; estamos evadiendo nuestra responsabilidad. La realidad es que el problema es de todos, afortunadamente, la solución, también.
Frente a un entorno que constantemente nos incita a seguir corrientes que nos vacían de sentido, la salida exige una decisión radical: la capacidad de discernir. Debemos aprender a seleccionar conscientemente lo que realmente nos edifica, lo que nos hace más humanos y más íntegros, por encima de aquello que nos destruye.
La verdadera fuerza reside en nuestra capacidad colectiva de ser un freno para lo tóxico y un impulso para lo autentico. Eduardo Galeano expresó: “Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo, el físico más que el intelecto y la misa más que Dios.”
Ante la tentación de ceder ante las modas, los retos virales, estereotipos o mandatos que contradicen nuestros valores, recordemos siempre el consejo bíblico: “No seguirás a la multitud para hacer el mal” (Éxodo 23:2).
Elias Ruiz, Comunidad de Fe “Esta es tu Casa”, Del Valle 174
Te invitamos a nuestros Encuentro familiares, todos los Domingos desde las 10:00 hs.





![COOPERATIVA AGROPECUARIA E INDUSTRIAL DE RAUCH[41]](https://lanuevaverdadderauch.ar/wp-content/uploads/2025/04/COOPERATIVA-AGROPECUARIA-E-INDUSTRIAL-DE-RAUCH41.jpg)





![HOURCADE[74]](https://lanuevaverdadderauch.ar/wp-content/uploads/2025/04/HOURCADE74.jpg)

