A poco más de seis años del inicio de la pandemia de COVID-19 en Argentina, la doctora Roxana Vélez —quien en aquel entonces se desempeñaba como flamante subdirectora del Hospital Municipal de Rauch— repasó cómo se vivieron los primeros momentos de una crisis sanitaria inédita que sorprendió al sistema de salud en plena reorganización.
Oriunda de Ayacucho, Vélez se había radicado recientemente en la ciudad y había asumido la subdirección en diciembre de 2019, acompañando al director del hospital, el doctor Juan Pedro Achaga, en el inicio de una nueva etapa de gestión. Sin embargo, pocos meses después, todo cambiaría de manera abrupta.
“Parecía que hubiéramos abierto un libro de historia o un libro de medicina antiguo donde se contaban epidemias y pandemias… y de golpe apareció una”, expresó al recordar aquellos días en los que el COVID comenzaba a instalarse como una amenaza global.
Según relató, el impacto inicial encontró al equipo de salud enfocado en la planificación institucional. “Nos agarró un poco distraídos, porque estábamos concentrados en el inicio de una nueva gestión hospitalaria, en los cambios, proyectos y propuestas”, explicó. Hasta que la situación internacional obligó a detenerse y comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
“Un día tomé el celular y le dije a Juan Pedro -Achaga- ‘vamos a ver de qué se trata esto’. Nos tuvimos que sentar a estudiar, a leer. Cuando empezamos a ver que se cerraban aeropuertos, ciudades enteras… ahí dijimos: ¿qué está pasando?”, recordó.
El escenario que se abrió a partir de ese momento fue, en sus palabras, “muy duro”. Con el paso del tiempo, y a la distancia que dan los años, Vélez reconoció que algunas decisiones podrían haberse tomado de otra manera. “Hoy, con el diario del lunes, quizás deberíamos haber actuado distinto”, reflexionó.
En ese sentido, remarcó que muchas de las medidas respondían a lineamientos nacionales e internacionales, lo que limitaba las posibilidades de acción local. “Rauch fue austero en muchas cosas, pero también había normativas que el país y el mundo habían tomado”, señaló.
La pandemia dejó escenas que hoy resultan difíciles de imaginar, pero que en su momento respondían al desconocimiento. “Hoy a nadie se le ocurre limpiar un auto con lavandina para pasar de una ciudad a otra por miedo a que el virus se pegue… pero lo hicimos, porque no sabíamos cómo se transmitía”, relató, marcando el contraste entre la incertidumbre de entonces y el conocimiento actual.
Más allá de lo anecdótico, Vélez puso el foco en el impacto humano. “Se vivieron momentos muy hostiles, de mucha crueldad, de mucho dolor. Perdimos muchos seres queridos”, afirmó, al tiempo que destacó que la experiencia también dejó aprendizajes.
“Fue un momento de reflexión para todos. Si esto vuelve a pasar, nos va a encontrar parados desde otro lugar, con otra preparación”, aseguró.
En lo personal y profesional, la pandemia dejó una huella profunda. “A mí me generó una situación de mucha reflexión, incluso para la vida cotidiana y para la práctica médica, sobre todo en lo que respecta a enfermedades infecciosas”, explicó.
Finalmente, subrayó que el COVID no es un capítulo cerrado. “El virus sigue existiendo, hay pacientes que lo padecen. Lo que cambió es la manera en que lo abordamos”, concluyó.





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