Para LNVR escribe la abogada Mariela Ciani
“Merecer la vida no es callar / Ni consentir tantas injusticias/ Repetidas/ Es una virtud, es dignidad/ Y es la actitud de identidad/ Más definida”– (Honrar la vida)
El amplio mundo del Derecho ha puesto, sobre todo en los últimos treinta años, especial atención a un grupo de personas que necesitan un plus de protección: los adultos mayores.
En 1990, a través de la resolución 45/106, designó el 1 de octubre Día Internacional de las Personas Mayores con el fin de reconocer el papel fundamental de las personas mayores en la sociedad y promover sus derechos y bienestar. Este año, 2026, lo realiza bajo el lema: “La era de la longevidad: repensar los sistemas para una vida más larga”, un mensaje que reivindica el papel activo de las personas mayores, haciendo un llamado a los Estados, a las sociedades y a los propios sujetos a pensar cómo pueden garantizar que los años adicionales ganados se traduzcan en vidas sanas, productivas, dignas y equitativas para todos.
El envejecimiento poblacional avanza día a día en las sociedades, generando un fenómeno multi generacional, pues permite la convivencia simultánea de varias generaciones; más aún cuando algunos estudios indican que una persona puede aspirar a vivir una vejez de entre 25 y 30 años en promedio.
Actualmente hay alrededor de 1.200 millones de personas de 60 años o más en el mundo. Para 2050, Naciones Unidas proyecta que serán 2.100 millones, aproximadamente el 20 % de la población mundial. Particularmente en Argentina, conforme el último estudio de INDEC de octubre de 2025, desde la segunda mitad del Siglo XX hay una mayor presencia de personas de 60 años y más, con un crecimiento superior de los mayores de 75 años.
Este proceso obedece a las mejoras en las condiciones de vida que se han producido en esta etapa, y a la salud de la población. Y he aquí una gran premisa: El desafío de la longevidad no es solamente agregar años a la vida; sino que esos años puedan ser vividos con dignidad, autonomía y participación.
Según el mismo dossier, entre las personas de 85 años hay 228 mujeres por cada 100 varones. Ellas quedan viudas con más frecuencia y, a partir de los 75 años, viven solas o en hogares
multigeneracionales en mayor proporción que los varones. Pero llegan a esa etapa con menos recursos: una de cada diez personas en edad jubilatoria no tenía cobertura previsional; entre quienes sí la tenían, el 36,6% de las mujeres se jubiló por moratoria, frente al 15,9% de los varones, y por cada 100 pesos que percibe un varón por su jubilación, una mujer recibe en promedio 73. Es la huella de vidas dedicadas al cuidado, que la ONU estima que recae en las mujeres en cerca del 70% de las horas de cuidado informal en el mundo.
Ahora bien, aquí el derecho de familia tiene mucho para decir: La vejez se vive, ante todo, en el seno de la familia, y allí se cruzan instituciones que rara vez pensamos juntas. A modo de ejemplo podemos mencionar la obligación alimentaria entre parientes, que el Código Civil y Comercial pone en cabeza de ascendientes y descendientes; el derecho a permanecer en la vivienda -con figuras como la habitación del cónyuge supérstite o del conviviente-; el derecho de comunicación entre abuelos y nietos, que reconoce que la vejez no debe ser sinónimo de aislamiento; y un sistema de apoyos, que reemplaza aquella idea vetusta de sustituir la voluntad de la persona por la de acompañarla en sus decisiones.
Todas estas situaciones cotidianas enmarcadas a la luz de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, aprobada por la Ley 27.360 y con jerarquía constitucional desde 2022, que exige autonomía, cuidado y una vida libre de violencia y discriminación.
La ciudadanía digital también se inserta en esta área: Casi 88 de cada 100 personas de 60 años y más usan celular, pero entre quienes tienen 65 o más y no usan internet, casi el 39% dice que no sabe cómo hacerlo. Paradójicamente cuando los trámites, los cobros y la relación con los bancos pasan por una pantalla, la brecha digital puede convertirse en dependencia. Incluso teniendo en cuenta que, lamentablemente, muchas veces quedan expuestos a estafas telefónicas o por otros medios telemáticos aprovechándose del desconocimiento o intentando generar confianza con el adulto mayor.
En suma, la esperanza de vida mundial de personas que llegan a ser adultos mayores ya es una realidad; y eso implica repensarnos en que no buscan ser espectadores de vidas ajenas, sino continuar siendo protagonistas de sus propias vidas.
Si el Estado, la sociedad y las familias en particular, conjuntamente con quienes acompañamos desde el derecho logramos garantizar cuidados sin quitarles la voz, los años ganados serán, de verdad, tiempo de calidad y humanidad para vivir.
Abog. Mariela Ciani / 2281-550918/ Instagram: @marieciani.abog
Derecho de las familias – Derechos Sucesorios – Amparos en Salud – Defensa del Consumidor




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